









Barbalarga era una niña muy educada que amaba la naturaleza y cuidaba su pueblecito cerca de la playa.
Pero, Siempre veía a la gente tirar restos de comida, botellas o papeles al suelo.



Cansada de ver tanta basura cerca de su casa y en el mar, decidió inventarse un plan para reunir a todos sus vecinos y tomar serias medidas.




Llamo a un montón de amigos y les dijo: Los desechos son basura y hay que tirarla en los contenedores. No podemos dejar que toda la basura llegue al mar, porque hace daño a los animales y ensucian las calles.

Su amigo pulpo, con sus tentáculos podía coger mucha basura de la orilla de la playa. A su amiga y vecina Cecilia le gustaba recoger y utilizar las cosas para darles doble vida. Pedro, su padre había sido barrendero en su antiguo oficio y tenía una máquina para barrer las calles.
También llamo a Gael, Aroa, Margarita, Rigoberta, Elia y Lara que sabían reciclar y les ayudarían a todos y todas a ser limpios y ordenados.













Mientras tanto, Rigoberta, le decía a su hija:


Este pueblecito estaría bonito y verde sin basura, además si lo mantenemos limpio, los papeles y restos de comida no llegarían al mar y los animales tendrían el agua mucho más limpia y trasparente para poder nadar y respirar.


por eso se pusieron manos a la obra para ayudar a Barbalarga con la recogida de basura.



Formaron entre todos un grupo llamado los vecinos verdes. Aroa, Margarita, Gael y Lara con la ayuda de Cecilia reutilizaron y transformaron trastos viejos que se encontraban en mal estado.
Y decidieron hacer cosas fantásticas para ponerlas en lugares donde los turistas los podrían ver.
Barbalarga y Elia, con la ayuda de pulpo llevaron los residuos desde la playa a los contenedores correspondientes. Reciclaron el papel, las botellas, las latas, los plásticos, los cartones, los vidrios, y restos de comida que encontraron por todo el pueblo y por la playa.

















Por último, Pedro y Barbalarga se pusieron a barrer las calles con las escobas y utilizaron la máquina barredora para que el suelo quedaría reluciente de limpio.
Como el pueblo ya estaba limpio, a Barbalarga se le ocurrió poner papeleras y decorar los contenedores con bonitos dibujos.



Crearon un cartel para la entrada al pueblo que ponía; ¡La clave es reciclar y no ensuciar!
FIN
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