

Érase una vez un grupo de conejos que vivía junto a una pequeña comunidad cerca de una aldea.
Cada mañana estos salían en busca de provisiones a los campos de cultivo de la aldea vecina en busca de zanahorias y unas lechugas.
En esta comunidad de conejos, había dos, que eran los más importantes: el alcalde, y el encargado de suministros.
Dos meses antes de la llegada del invierno, un grupo de 20 conejos fueron en busca de provisiones para pasar el invierno sin ningún problema. Los conejos que guiaban al resto, se llamaban Carlos, Mateo y Aránzazu, siendo la ultima la más inteligente y astuta del grupo.


Tras dos semanas de investigación, el presidente descubrió que el grupo de Carlos estaba robando zanahorias y las estaba almacenando en otro almacén lejos de la comunidad para poder tener más cantidad entre ellos y pasar un mejor invierno.
El presidente, enfadado con el grupo de Carlos, mandó a un escuadrón militar para que los capturaran y los llevasen a la corte para ser juzgados por aquel fragante delito. El juicio duro unas largas 2 semanas, siendo el cometido final, la pena de muerte de estos por engañar y traicionar al pueblo.
MORALEJA
Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.
FIN
NADA ES LO QUE PARECE
ELIA CANTÓN ARIAS
Había una vez una pequeña granja, situada en un gran campo y rodeada por árboles. Sus dueños, un matrimonio de unos sesenta años, habían trabajado duro para que desde el primer momento la granja funcionara sin ningún problema, pero hacía unos meses que veían que quizás necesitaban la ayuda de algún animal que, aunque no produjera ningún bien material les ayudara con la supervisión y seguridad del resto de animales.
Por lo que un día aparecieron en la granja con un pequeño cachorro de color marrón que en poco tiempo creció y se convirtió en un gran perro ágil e inteligente, capaz de correr rápido y ladrar si era necesario.
El resto de los animales de la granja no aceptaban al perro puesto que pensaban que no producía ningún beneficio. No daba leche como las vacas, ni ponía huevos como las gallinas, tampoco daba miel como las abejas y ni siquiera se podía aprovechar su piel como con las ovejas. Por lo tanto, todos los animales pensaban que su ayuda era nula y que nunca podría ayudar en nada que beneficiara a la granja.
-No entiendo porque lo han traído, no puede producir ningún alimento. Dijo el cerdo.
-Totalmente, además en que nos pude ayudar... solo sabe hacer ruido y correr, dijo la vaca burlándose.
-Se terminarán cansado hasta los dueños de él y en menos de un mes ya no estará aquí. Dijo una abeja que pasaba por allí.

Un día mientras todos los animales seguían con sus labores cotidianas, los dueños decidieron prender una hoguera para quemar las malas hiervas que ya no servían, pero los dueños se despistaron un momento y el fuego se extendió hasta el establo. Los animales se asustaron, era la primera vez que pasaba algo así y no sabían que hacer o cómo actuar.
- ¡Fuego! gritó la gallina asustada.
- ¡Mis terneros, mis terneros corren peligro!, dijo la vaca desesperada mientras intentaba protegerlas, colocándose delante de ellas.
Pero el perro que desde pequeño lo habían entrenado para reaccionar a situaciones como estas, supo que hacer e intentó poner a los animales a salvo colocándolos al lado contrario del fuego, luego corrió y ladro para avisar a los dueños de la situación.
" Todos somos útiles para algo, aunque en principio no lo parezca".
Cuando consiguieron apagar el fuego y los animales estuvieron a salvo, ellos mismos se dieron cuenta de que el perro no era tan inútil como creían. Puede que no produjera ningún beneficio material, pero siempre veló por la seguridad de los animales y por ello de la granja.

LA TORTUGA Y EL ÁGUILA
La tortuga lenta, vieja y cansada de caminar de un lado para otro siempre con su pesado caparazón, veía al águila majestuosa, volar libre y veloz por el cielo azul y sentía una grandísima envidia. Un día estaba el águila posada en una roca del río vigilando los peces, decidiendo cuál sería su desayuno, y la tortuga tomando el sol en la orilla.
-Te envidio ya que tú tienes la suerte de poder volar veloz de un lado a otro sin llevar tu casa-le dijo la tortuga al águila.
-Mi problema es encontrar un buen lugar para hacer mi nido sin que nadie lo destruya- le contestó el águila- si quieres te cojo con mis garras y te doy una vuelta por la montaña- le dijo.
La tortuga accedió de buen gusto creyendo que sería una gran aventura.
Mientras sobrevolaban los riscos vieron un grupo de hombres que estaban destrozando el nido del águila y robando sus huevos.
Se miraron una con dolor y la otra con pena.
Una vez en el suelo el águila le dijo a la tortuga
-Ahora te envidio yo, ya que si fuese tú podría llevar mí casa conmigo.
MORALEJA
Aunque envidiemos una característica de otra persona, no nos fijamos en la suerte que nosotros tenemos.
JAIRO SALAS
EL ZORRO QUE SE QUEDÓ SIN RABO
Radoslav Petrovici

Un zorro muy hambriento deambulaba en busca de comida. Mientras recorría un sendero, divisó la silueta de un oso que se estaba poniendo las botas. Se acercó a él y le pidió que le dejase probar un bocado de su manjar.

El oso, que no se fiaba mucho, le dijo:
- He trabajado muy duro para conseguir estos trozos de pescado. Si realmente tienes tanta hambre, vete al lago y mete tu cola, igual que hice yo. De esta manera aprenderás a conseguir tu propia comida.

El zorro, sin pensarlo, corrió hasta el lago e introdujo su cola en el agua. Al principio, pensó que el oso lo había engañado porque no atrapaba nada. Pero después de un rato, no paraba de sacar peces del lago.
Estaba tan contento que se pasó pescando todo el día. Al llegar la noche, empezó a bajar la temperatura y a hacer bastante frío.

Al zorro no le importaba nada. Estaba tan feliz de que estaba consiguiendo comida sin parar que no se dio cuenta de que el lago estaba empezando a helarse. De pronto, notó que se le había atascado la cola. El lago estaba congelado y su rabo se quedó atrancado en el hielo. El zorro desesperado, tiró con todas sus fuerzas para salir del lago. El animal pudo escapar, sin embargo, su cola se quedó atrapada en el hielo.
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