
Había una vez, un niño muy encantador y simpático llamado Steven. Le gustaba mucho jugar, dibujar pero sobretodo le gustaba estudiar, tenía 9 años e iba a tercer grado.





Vivía con sus padres, quienes trabajaban en el mercado, pero por falta de dinero, en ocasiones ponían a vender al niño.














Le advertían que si no hacía cierta cantidad de dinero, al siguiente día no iría a estudiar. Steven muy preocupado, se rebuscaba en vender todo lo que sus padres le daban.















En una ocasión, regañaron al niño por no vender todos los productos que le habían dado.
-Steven, mañana no irás a la escuela porque no vendiste casi nada, es tu obligación hacerlo, así que no hagas tareas ni prepares tu uniforme porque no irás. –Le dijo su papá.






El niño muy triste se fue a su cama, y antes de dormir, empezó a rezar
-Diosito, te pido que el día de mañana me ayudes a vender todo lo que me den mis papás, quiero estudiar y jugar con mis amiguitos de la escuela. Y Steven, se durmió llorando.


Al siguiente día, le dieron más productos a Steven para que vendiera en los buses, y el niño le pedía a cada persona que le comprara ya que quería estudiar.















Al finalizar el día, Steven corrió muy feliz hacia sus papás y les dijo:
-Papá, mamá, vendí todo lo de hoy, mañana si podré ir a estudiar ¿verdad?
-Le respondió su mamá: Si, si irás a la escuela, pero si no regresas pronto para que vendas lo de mañana, no irás por una semana.













En la mañana siguiente, Steven fue a la escuela, su maestra llamada Lucía, quien era muy bonita y agradable le dijo:
-Steven, ¿por qué no viniste a la escuela ayer?
Steven le contestó:
-¡Buenos días maestra! Ayer no vine porque mis papás me mandaron a trabajar y como no vendí todos los productos, me dijeron que no vendría hasta que los vendiera todos.
La maestra muy sorprendida le dice a Steven:
-Pero, tu no debes de ir a trabajar Steven, estás muy pequeño para hacerlo, tu derecho y deber es estudiar, necesitas jugar y aprender mucho para que en tu futuro puedas ser doctor, maestro o lo que tú quieras.
Con ganas de llorar, Steven le responde a su maestra:
-Si maestra, yo quiero estudiar pero mis padres me obligan que trabaje.




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""Todos tenemos derecho a una educación digna""
Derechos Humanos.
Creado por:
Marcela Lisbeth Portillo Contreras
Maria Eusebia Lara Brizuela
Sofía Abigaíl Sánchez Pérez
Andrea Lisbeth de Paz Rosales

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